Hipótesis sobre las Piedras de Martín
En el año de 1976, recorrí Falcón en sus cuatro puntos cardinales. Estaba en aquella época trabajando para Corpoturismo, adscrito a la Presidencia de dicho organismo, quienes tenían un proyecto de fichar todos los petroglifos que existían en el país. Comencé las investigaciones por Falcón por ser un estado turístico por excelencia.
En mis recorridos por la zona de La Vela, Muaco, Cucuruchú, Curazaito, etc., buscando los petroglifos llamados en el lenguaje común "los letreros de la playa", tuve la oportunidad de observar y retratar los peñascos que se adentran en el mar, situados entre La Vela y el muelle de Muaco. En realidad no sabía cómo se llamaban, y en mi afán de curiosidad, preguntando en el balneario de La Vela, me dijeron que se llamaban "Las Piedras de Martín" o “Piedra Martín”. Me causó sorpresa que tuviera un nombre propio castellano, dado que en Falcón por doquier hay toponímicos de origen caquetío, pero en aquella ocasión dejé la investigación en este punto.
Las piedras llamadas por el pueblo "de Martín", son en realidad un total de diez peñascos de antiguos fondos marinos que la erosión va comiendo poco a poco debido a las mareas; unos están aislados en medio de las olas y en otros su deterioro todavía no es mucho. Están pegados formando terreno firme con la playa y son un conjunto de rocas todas alineadas formando una muralla recta frente al mar Caribe, habitadas por innumerables iguanas que tienen su hábitat en estas rocas, pasando el muelle de Muaco en dirección al occidente, hay alguna que otra roca aislada dentro del mar en dirección a la playa de Cucuruchú, pero no forman un conglomerado por su proximidad tan importante como la que hemos descrito anteriormente; todas estas rocas, están compuestas de múltiples fósiles marinos que se hundieron hace miles de años y la sabia naturaleza transformó en roca; al acercarnos a las mismas pudimos observar la gran cantidad de moluscos incrustados en ellas.En 1979, fijé mi residencia en Falcón, y si en años anteriores tenía interés en todo lo histórico-antropológico del estado, viviendo en él mi curiosidad aumentó dado que ya lo conocía mejor, y volví de nuevo a la investigación. ¿Por qué se llamaban estas piedras "de Martín"?; con los bellos toponímicos aborígenes que existían por doquier, me causaba sorpresa que así se llamaran estas peñas. ¿Quién había sido este señor? Por lo general, hay muchos nombres de lugares de Venezuela que se ponen porque hay un ciudadano que es el dueño del hato, hacienda o huerta, pero en este caso, no existía este motivo, ya que eran peñascos frente al mar.
Seguí mis investigaciones, resultando un tanto infructuosas, pues nadie me supo decir el porqué se llamaban de este modo, y nuevamente por segunda vez mi curiosidad investigativa se quedaba en el aire, esperando una mejor ocasión para averiguar algo más al respecto.
Para poder captar la importancia histórico-antropológica del Estado Falcón, tuve que leer bastante a cronistas y viajeros, todo ello unido a mi eterno peregrinar casi a diario en trabajos de campo. Poco a poco en mi mente iba reconstruyendo ese bellísimo pasado del Estado Falcón, y hoy quizás a través de esta modesta investigación, pueda dar alguna luz relativa a estas enigmáticas piedras llamadas por el vulgo "de Martín", y que tanta curiosidad me causaron por llamarse de esta manera.
Primeramente traté de ubicarlas en los más viejos mapas de Venezuela, para comprobar si aparecían, y, efectivamente, en un mapa de 1550, vienen con el nombre de Monges, y de igual forma son nombradas en uno de 1575 (1); luego en lo que a cartografía se refiere pasamos al año de 1635 con el nombre de Falayres (2); en el año de 1647 los llaman Falaires (3); otro de 1656 son Falayres de nuevo (4); en los siglos siguientes ya no aparecen señaladas, luego vienen con el nombre de Punta del Fraile, y en el más moderno de 1974 de nuestra Cartografía Nacional estas rocas no son ya tomadas en cuenta.
Como fácilmente se puede ver, a través de una investigación cartográfica no había forma de aclarar por qué se llamaban rocas "de Martín".
En segundo plano pasamos a la parte etno-histórica, o sea a la visión antropológica-histórica para ver si nos aclaraba algo más.
Sabíamos que el gran Cacique Manaure había vivido entre los puntos de Boca de Tura y la desembocadura del río Coro. Su ciudad, Todariquiba, está ahí tapada por el médano; sus dominios sumamente extensos, llegaban hasta la Boca de Yaracuy (Xara-xaraguas) por el oriente y hasta el lago de Maracaibo por el occidente; también tenía parte del pie de monte de la Sierra de San Luis, y todo Paraguaná. De esta forma vemos que la zona de las piedras "de Martín" también eran del dominio suyo, y relativamente cercanas a su morada, es más, algunas tardes que hemos paseado entre el puerto de La Vela y Muaco, hemos podido apreciar la bellísima vista que forman en este lugar el mar y el cerro de Santa Ana de la península de Paraguaná, que parece una montaña encantada emergiendo del fondo de un lago. Las Piedras de Martín están muy cerca del muelle de Muaco, y pensamos que este lugar sería sitio especial para llegar a alguna barcaza procedente de Curacao, donde también habitaban los Caquetíos, siendo los peñascos una buena referencia marina, o también, quizás se harían ofrendas mágico-religiosas por los aborígenes, ya que existe frente a estas rocas cerámica que denota poblamiento humano, en fin, no queremos especular y deseamos darle al informe cierta veracidad y no caer en especulaciones, a pesar que este lugar nos parezca maravilloso.
Dimos muchas vueltas y al final nuestra investigación se concretizó leyendo al poeta Juan de Castellanos, el cual nos aclaró el nombre de Martín en el siguiente verso:
Él nos dice:
“…Ampíes viendo persona tan urbana, (se refiere a Manaure)
En medio de tan rudo barbarismo,
Dióle noticia de la fe cristiana
Siendo bien instruido por él mismo;
Y después recibió de buena gana
El agua del santísimo bautismo;
Llamóle don Martín, y después desto
Baptizó de su casa todo el resto…” (5)
Manaure fue bautizado con el nombre de Don Martín por el clérigo mercedario Fray Antonio Marino que acompañaba a Ampíes, así como a toda su familia y su gente, y nos preguntamos: ¿por qué no bautizarlo en este mágico lugar, frente al mar Caribe, lugar bellísimo y encantador, teniendo como testigos inmóviles esta formación pétrea, y como recuerdo de este acto tan importante del primer bautismo en masa de los Caquetíos, Ampíes pronunciara aquellas palabras..." y para recuerdo de las generaciones futuras estos peñascos que contemplaron el acto bautismal y en honor a Manaure se las conocerá con el nombre de las Piedras de Martín".
Han pasado muchos años de esto, los mapas, como hemos observado, se olvidaron hasta de reseñar estos mogotes o farallones que se adentran como gigantes desafiantes frente al Mar Caribe, pero la tradición oral es muy sabia, y allí quedó a través de generaciones el nombre "de Martín”, que un día con el bautismo le pusiera Ampíes a Manaure para nombrar a estas estáticas formaciones rocosas.
Adrián Hernández Baño
Museo del Hombre
Boletín del Centro de Historia del Estado Falcón - 1981
BIBLIOGRAFIA:
1. ARMAS CHITTY, José Antonio de: Historia de Paraguaná y Punto Fijo. Caracas, Edit. Venegráfica, C.A., 1978, págs. 32-33.
2. BLAEU, Wilhelm y Johannes: Venezuela con la parte austral de la Nueva Andalucía. En el "Tonneel des Aerdrycx Ofte Nieuwa Atlas", Año 1635.
3. DUDLEY, Robert: Carta particular de las Indias Occidentales. En el atlas Dell Arcano del Mare, Año 1647.
4. SANSON y ABEVILLE: Mapa de Tierra Firme. En el atlas Cartas Generales de Toutes les Parties du Monde, Año 1656.
5. CASTELLANOS, Juan de: Elegías a los Varones Ilustres de Indias. (Año 1582) Publicaciones de la Academia Nacional de la Historia, 1952, Tomo 57, pág. 176.
Adrián Hernández Baño, nació en Murcia, España, el 23 de julio de 1927, y falleció en Coro, Venezuela, el 28 de octubre de 2001.
Entre sus publicaciones, tenemos los siguientes títulos: "Los caquetíos de Falcón" (1984), "Buchivacoa: raíces históricas..." (1987), "Coro y Provincia: testimonios de cuatro siglos, 1500-1900" (1990), (coautora su esposa María de los Angeles Pérez Friend), "Transcripción toponímicos indígenas quechuas en el Estado Falcón" (1998), "Petroglifos, Estado Falcón" (2000) y otras obras que quedaron inéditas.
"La piedra Martín", a secas.
ResponderBorrarCiertamente hay un entramado historiográfico respecto a éstas formaciones rocosas en la rada de Muaco, hay versiones de versiones.
La más creíble, particularmente para mí, es la que se teje en torno al bautizo del Cacique Manaure justo en ese sitio que, si para nosotros los veleños encierra algo místico, me imagino para los indígenas de la época. El cacique Manaure acepta el nombre cristiano de Martín en honor a Juan Martín de Ampíez quien, en 1523 (antes de la fundación de Coro) habría salvado a más de 150 indígenas de escalvizarlos en Santo Domingo.
Sostiene la periodista Bhilla Torres Molina que era un lugar mágico, al cual Manaure visitaba con mucha frecuencia; era su lugar favorito para descansar, meditar y hasta para algunos rituales religiosos.
Los primeros españoles denominaron esa playa como "Los Monjes" o punta "Los Frailes" porque, vista a lo lejos, mar afuera, daban el aspecto de unos frailes o monjes. Incluso en documentación oficial, correspondencia de administradores entre 1600 y 1700 los denominan de esa manera. El primer castillete debía construirse en el punta "Los Frailes" para estar vigilante a las invaciones de piratas y corsarios durante los siglos XV, XVI y XVII.
Existe una versión más romántica que habla de un ave cuyo hábitat eran esas piedras, el Martín Pescador, muy parecido al Guanaguanare de oriente, que estuvieron allí hasta que se comenzó a construir el muelle de Muaco. Las detonaciones constantes los espantaron.
Estos datos los tomé del libro del Profesor de la cátedra de historia de la UNEFM, Carlos Bautista Bustamante: "Fundación dela Vela y fortificación de la Costa Coriana", quien fue becado por la universidad y otras dependencias públicas para que se trasladara a Cartegena de Indias, Medrid y otras ciudades que guardan registros sobre los primeros visitantes europeos.
Fidel Antonio Marín