Lealtad coriana y la capitulación veleña (1821-1823)

 Durante la transición hacia la Independencia de Venezuela en Coro y La Vela se vio forzada por la lealtad coriana al imperio español, luego del retiro del general Rafael Urdaneta el 26 de mayo de 1821 vendría la inmediata resistencia coriana comandada por el coronel Manuel Carrera y Colina, con lo que la ciudad caería en un torbellino de violencia que sembraría de muerte la ciudad y su puerto La Vela. Entre junio y diciembre de 1821 el puerto fue tomado por no menos de seis veces por las fuerzas de uno y otro bando; además que empeoraría aún más la situación de sequía que venían sufriendo ambos pueblos por dos años, dicha situación alcanzó una vasta desolación por falta de agua y por consiguiente de alimentos. Tras la salida de Urdaneta las fuerzas republicanas debieron refugiarse en La Vela, aunque en julio del mismo año tuvieron que evacuarla. 

La Vela fue atrincherada, una casa sólidamente construida, la de los Zavala Zárraga, rodeada de trincheras, sería convertida en casa fuerte, allí se situó el grueso de las tropas republicanas acantonadas en La Vela. Fue en enero de 1822 cuando las fuerzas leales al imperio español que lograron la recuperación completa teniendo en su poder los fortines San Pedro, el Reina Luisa y la citada casa de José de Zavala. Miguel de La Torre quien había desembarcado por Paraguaná con 400 hombres viene a reforzar las fuerzas leales de Coro para apoderarse de La Vela y los pueblos circunvecinos. Manuel Carrera y Colina nació en Coro en 1780, era hijo del español Manuel Carrera y la coriana Isabel de La Colina. Casó con Juana Heredia (1782) y tuvieron 3 hijos; Rafael Antonio, Manuel José, Adán y Rafael Ramón Carrera de La Colina. 

El día 9 de enero de 1822, el coronel Juan Gómez de parte de los patriotas acepta los términos de la capitulación; una vez tomado el puerto de La Vela los españoles recurren completamente la provincia coriana. Es importante saber que, aquellos meses de 1822 la situación era tan crítica que una parte significativa de la población veleña cansada de tantos vejámenes, al borde de la inanición, salió del territorio rumbo hacia Curazao y Aruba, abandonando todos sus propiedades, bienes y viviendas incluyendo sus enceres, algunos había emigrado ya en 1821 rumbo a Puerto Rico y Cuba. El puerto quedó desierto incluyendo familias de la antigua élite socioeconómica, también emigraron artesanos, peones e indígenas caquetíos. Las estadísticas recogidas por el Dr. José María de Tellería dan cuenta del abismal descenso poblacional en el primer censo realizado después de la Guerra; donde se contaba en 1819 unas 7200 personal, en 1825 no superan los 2974 habitantes, ello significa que había perdido más de la mitad de la población, un 58,7 % aproximadamente.

Tomado del libro "Cien Veces Cinco" del Lcdo. Ricardo González. 

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