Chepa Leal, un gallo heroico
La Vela vestía sus mejores galas. Arcos de palmas, adornados con las más hermosas flores. El viento húmedo del este peinaba los cujíes y los apamates vertían sus flores sobre los jugueyes. Entonces las aguas parecían el reflejo de los cielos cubiertos de estrellas.
Era el año de 1915: La Vela de los carruajes, de las calesas, del tren. El entusiasmo del pueblo era inmenso: doce de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe de El Carrizal. Las barcas en el puerto no podían descargar, pues bobotes y caleteros estaban de fiesta. Los cantores se oían por doquier, con sus rimas y consonancias.
El New Orleans, El Missisipi River, el Coral Sea, estaban en el puerto; eran barcas de tres palos venidas de la costa Este y Sur de los Estados Unidos con carga de productos manufacturados: fardos de dril, seda, clavos, vitrolas, pianitos y ortofónicas. También el famoso kerosene Capitán, recetado como medicina. Las salves y los romances se adelantaban unos días a la festividad de Nuestra Señora. Los marineros de los barcos no esperaban la requisa, ganaban la orilla a nado para estar presentes en la procesión en la tarde-noche del 11 y la misa del día doce.
El pueblo quería ver jugar el béisbol entre las tripulaciones de las barcas americanas. También los veleños deseaban jugar; se jugaba con variantes, incluyendo el doble catcher. Los veleños suspendían el partido por cualquier incoveniente; el juego continuaba aún fuera del campo y por eso los que estaban en las bases se las llevaban para su casa, pues podían hacerles out en cualquier parte, ya que los contrarios se llevaban la pelota.
El tren que venía de Coro había lanzado un primer cohete por Sabana Larga, otro en Cabeza de Burro y otro en La Salinita. Eran los galleros de Coro que venían para el desafío con La Vela. Encarnación Henriquez era el representante de las cuerdas de Coro. Por La Vela participaban las cuerdas de Francisco Rojas "Pancho", Luisito Rosas, Regino Pachano Dominguez, Alejandro Salcedo D' Lima, Los Chapman (dueño de la botica), Gabriel Reyes, Prudencio Ramones, Gregorio Domínguez, José Pragedes Domínguez, Avelino Flores, los López, los Bermúdez, y otros más.
Coro había triunfado en todas las peleas.
- ¿Que haremos?... Estamos perdiendo... -dijo Regino, y Pancho respondió:
- Ya no tengo nada. He perdido el dinero de los arreos y la marusa está vacía. Juguemos "El Chapo Leal". Empeñaré el papel de la casa y el anillo de calavera.
Luisito Rosas empeñó también el documento de la casa. Vendió una cochina y una cabra.
Regino Pachano empeñó el Hatillito con cabra y todo, un anillo recuerdo de su hermana Luisa Isabel, y también su revólver de monte y pele.
Encarnación Henriquez habló por las cuerdas de Coro y dijo que la última pelea la jugaban por 500 pesos, ni un cobre más ni un cobre menos. La cifra era demasiado grande; había peleas que las pautaban por un Yotin (1.25 Bs.).
En la gallera expedían palos secillos de a cobre; palos dobles a dos cobres y los palos de ricos, que eran de cocuy, de tres cobres. La Vela no llegaba a los 500 pesos. Pancho obtuvo el empeño de la casa por 15 pesos, por el anillo 3 pesos, por el revólver 10 pesos. Regino Pachano obtuvo 15 pesos, Prudencio Ramones 3 pesos, Luisito Rosas 20 pesos. Alejandro Salcedo D' Lima media morocota, Chapman el boticario, media morocota. Faltaba dinero, entonces fueron por todos los negocios y recorrieron la población para completar la suma.
- Tenemos 500 pesos -dicho Pancho- Va la pelea. Y armó a Chepa Leal. Le pegó los zapatones con cera de abeja. Cauterizó con un tabaco y amarró cintas de gran género.
- La Vela va por el desquite- dijo.
- Gallos en la jaula. Empieza la pelea- anunció el juez.
Cuando levantaron la casilla el Chapo Leal, que era tuerto, recibió un certero espuelazo en el ojo bueno; sin darle tiempo, el gallo de Coro lo buscó de nuevo con bravura y lo hirió por segunda vez en el pescuezo.
- ¡Estoy arruinado!... nos está llevando Castelar... -gimió Pancho.
- ¡Virgen de Guadalupe!... ¡¡¡Ayúdanos!!!, Ayuda a La Vela que estamos perdiendo -rezaba Regino Pachano.
De inmediato el Chepa Leal se recostó contra la barrera buscando alivio al castigo. Luego picó con fuerza brutal una sola vez; sacó la casta y dejó sin vida al gallo de Coro.
De las patas de un gallo dependió el dinero de todo un pueblo, pues toda La Vela había jugado por él.
Regino sacó su revólver de quiebra hizo cinco tiros al aire gritando:
- ¡Viva la Virgen de Guadalupe!... ¡Viva el Chepa Leal!... ¡Viva La Vela!.
Pancho recuperó el dinero de los arreos, el anillo de calavera y el papel de la casa. Enfrentó una cuenta de gastos por tres pesos, pues de la emoción había quebrado una silla, una puerta y el sombrero de pajilla de Prudencio Ramones.
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Por: Héctor Mata Alvarez
A la memoria de Pancho Rojas
Tomado de "Breves Relatos Veleños", de Bhilla Torres Molina (1998)

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